El fuego asciende

Han sido cuatro años de espera que ya concluyeron. Tras la variedad de especulaciones, rumores y preguntas que surgieron en torno a la trama, personajes y cómos sería su desenlace, la trilogía del Caballero de la Noche, llevada al cine por Christopher Nolan, llegó a su fin.
Esta vez, la historia se retoma ocho años después de esa escena final de The Dark Knight en la que Batman huía de la policía queriendo ser perseguido, para dejar atrás algún rastro de esperanza en los ciudadanos de Ciudad Gótica con la figura ‘intachable’ de Harvey Dent. Gracias a una mejorada labor de la policía y una nueva ley inspirada en el fallecido fiscal, las amenazas del crimen han permanecido bajo control, hasta que una nueva fuerza del caos, un grupo dogmático encabezado por el mercenario Bane (Tom Hardy) llega a buscar la destrucción de la ciudad. Mientras ello se gesta, la historia y guión, creada nuevamente por el mismo Nolan, su hermano Jonathan y David S. Goyer, presenta entonces a un Bruce Wayne (Christian Bale) ermitaño, refugiado en las consecuencias de su desgaste y la opción de dejar a un lado la lucha por la justicia, acompañado únicamente de su mayordomo Alfred (Michael Caine).
Como el título sugiere, luego de las primeras acciones, entre las que se traza una secuencia inicial a la altura de la introducción vista en The Dark Knight, así como la presentación de nuevos personajes como la brillante ladrona Selina Kyle (soberbia Anne Hathaway), el policía Peter Foley (Matthew Modine) y el impetuoso John Blake (muy interesante Joseph Gordon Levitt), Wayne comprende que debe salir del entorno al que él mismo se ha aislado para descubrir que la ciudad lo necesita una vez más bajo la máscara del hombre murciélago. De esta forma, el filme desarrolla una línea narrativa durante el primer acto en que se introduce principalmente el panorama de las motivaciones y los nuevos conflictos que esta tercera parte ofrece. Para el protagonista es un “empezar de cero” en que lucha contra sí mismo y contra una resignación en la cual no cree por completo, lo que le deja una cierta esperanza de volver, a pesar de no estar en la misma forma física ni en la capacidad mental de momentos anteriores.

Del otro lado se encuentra Bane, un corpulento terrorista con habilidades extraordinarias para la lucha y cuya voz se queda grabada en la mente del espectador al salir de la sala de cine. Tom Hardy regala un trabajo magnífico de voz y de lenguaje corporal. Siembra miedo, pánico y cree de manera acérrima en que Gótica debe arder para acabar con sus males. Comparado con una tormenta, anuncia la calamidad con una seguridad macabra, con un plan que resulta ser un reto menos mental y más físico para Batman. Con ello, exige al héroe que lo detenga, que vaya más allá de lo que se había permitido antes para acabar con esa estrategia que significa el fin. Y en esos intentos, inevitablemente, encontrará sufrimiento, dolor y, recurriendo a la primera entrega de la saga, la redefinición de sus caídas. En el proceso, definitivamente, se encuentran referencias al mundo actual, la crisis política y económica que conlleva a los movimientos sociales, la diferenciación entre los de arriba y los de abajo, las jerarquías y el tema de círculos sociales, el status que el poder consideraba irrompible.
Por todo lo mencionado, The Dark Knight Rises no carece del ingrediente de realidad y oscuridad que Nolan había impreso en sus predecesoras. Se nutre de ambas historias para llevar al clímax la leyenda de Batman, un superhéroe que durante todo este tiempo fue un estandarte de anti heroísmo y la representación de un ser único que decide navegar contra la corriente. Este Caballero Oscuro es humano y es seguramente aquello lo que destaca. Importante mencionar que en esta película el viaje de Bruce Wayne como personaje es tan intenso de dentro para afuera, que le permite a Christian Bale entregarnos una de las mejores performances de su carrera, de lejos la mejor de la trilogía de Batman.
Mención aparte merecen las actuaciones de Anne Hathaway, quien pone la cuota de acción y sensualidad en la película de manera elegante, y Joseph Gordon Levitt, convertido en detective y que, a pesar de los contratiempos, busca a toda costa ser el paralelo al alter ego de Bruce Wayne. Una vez más Gary Oldman, Michael Caine y Morgan Freeman siguen con los roles paternales y guías, aportando con aquello que les sobra: experiencia.

Ciudad Gótica en esta película, algo que se atisbaba de a pocos en las anteriores, se convierte en una suerte de personaje también. Se escuchó antes en los discursos de Ra’s Al Ghul y The Joker, pero se puede notar dicha facción ahora más clara y definitivamente cuando Bane exclama “Gótica, toma el control. Aquí está el instrumento de tu liberación”. El territorio es, por ende, tomado como rehén, es presa del pánico una vez más y debe pagar por los males que la aquejaron por tanto tiempo,viruses que en esta entrega se habían depurado, supuestamente, gracias a la acción incitada por la Ley Dent, cimentada sobre la conclusión de The Dark Knight y, más aún, sobre la necesidad de creer que los mecanismos del poder, efectivamente, cumplen con su papel de establecer orden. De esta manera, el mal es un agente reaccionario, es la voz de una resistencia que se ha gestado años antes en la idea de purgación a través de la deconstrucción que promovían los villanos y a lo cual Batman se opone tajantemente: el mal se combate con la justicia, una cargada de un sentido moral coherente, que se compromete con la primacía del bien.
Es por ello que en The Dark Knight Rises resulta interesante la perpetuidad del símbolo, de la idea, aquellos pensamientos que inculcaba Ra’s Al Ghul en Batman Begins y que Bruce Wayne comprende finalmente, aceptando su destino inevitable. Batman puede ser quien quiera serlo, así como un héroe puede ser alguien que realice una simple acción por otro que lo necesita. Ese es uno de los mensajes claves de esta película que atraviesa las fases elementales de un personaje que se desprende de la sociedad para mirarla con el reconocimiento de sus males, para luego volver a ella y buscar redimirla.
Finalmente, con un trabajo en fotografía notable de WallyPfister, ganador del Oscar por Inception, y la impecable banda sonora del experimentado Hans Zimmer, esta película encuentra la profundidad de su contenido al lado de la narrativa y lo que los diálogos exhiben. The Dark Knight Rises no llega a estar a la altura de su predecesora, pero se vuelve exactamente aquello que estaba destinada a ser: el fin de una historia y el cierre de la leyenda. Una de las mejores trilogías de la historia del cine, quizás.












