Maneje sin precaución

by Jos Miguel Bellido on May 28, 2012

Existe una fábula de origen desconocido, aunque atribuida normalmente a Esopo, que relata la historia de un escorpión y una rana. En ella, el primero le pide al anfibio que lo lleve sobre su lomo para cruzar el río, prometiendo no hacerle daño ya que ambos morirían.  La rana, tras dudarlo, acepta con gusto pero, a medio trayecto, el escorpión le clava el aguijón, causando que ambas se ahoguen y excusándose aludiendo que se trata de “su naturaleza” y, por ende, es inevitable.

No dudaría en afirmar que Drive de Nicolas Winding Refn se basa en gran parte en esta corta historia. Ryan Gosling, uno de los actores jóvenes de mejor trayectoria en estos últimos años, interpreta a un conductor anónimo, un personaje parco, solitario y hasta cierto punto misterioso, cuya vida gira en torno al mundo automovilístico, sea como mecánico, doble de acción o inclusive chofer voluntario para concretar algún robo o crimen. Así, al involucrarse con su vecina Irene (Carey Mulligan) y su hijo Benicio, decide ayudar a su esposo Standard Gabriel (Oscar Isaac), un ex convicto perseguido por causa de sus deudas,  a pesar de las consecuencias en que se verá envuelto.

La película, que le valió al danés Winding Refn el premio a Mejor Director en la pasada edición del Festival de Cannes, se rehúsa en cierto modo a ser encasillada o categorizada en un solo género. Contiene elementos de cine negro, de acción, de thriller y drama, los cuales, al ser analizados por separado, dotan a sus diferentes escenas de una atmósfera particular además de una cierta estética pop ochentera, la cual se define en los compases del soundtrack que acompaña al personaje principal en su soledad, en sus recorridos. Por ello, el filme empieza de manera brillante, en que el protagonista hace claro cómo es su mundo, o los mundos en que habita, las vidas que vive y debe llevar. De una escena de acción interesante en que se explican en pocas palabras las reglas de juego, vemos cómo el papel del conductor está en cumplir con su deber y no más. Le cuesta involucrarse hasta conocer a Irene, con quien tiene una relación de miradas y gestos por encima de todo, sin necesidad de decir mucho ni dar explicaciones de qué hay detrás de cada uno, muy bien trabajada por Carey Mulligan y Gosling, y con su hijo, razón por la cual encuentra en sí un instinto protector.

La segunda mitad de la película es marcada por la llegada de Standard, un personaje que parecía ajeno y que marca el verdadero detonante de la narración. Por él es que el conductor se vuelve la rana de la fábula, asumiendo llevar sobre sí las cargas de un criminal que no deja de serlo y que no puede rehusarse a su naturaleza. Con el escorpión en la espalada de su casaca emblema, se introduce de esta manera en un mundo al que tan sólo le dedicaba unos minutos, esta vez de lleno, motivado sobre todo por la protección de aquellos a quienes se volvió cercano. Así llega el lado visceral, aquel que se aprecia detrás de sus silencios, donde irrumpe una voz amenazante, sin haberlo deseado ni desencadenado. Se siente llamado a cumplir un deber diferente, motivado por esos pasajes previos en el pasillo de su edificio, en el sillón de una sala, o en su carro cuando paseaba con Benicio y su madre. Por el bien y seguridad de terceros, permite que le claven el aguijón.

Winding Refn trabaja momentos excepcionales que se intercalan para construir el filme. Valiéndose de una genial labor de Gosling en su papel, utilizando los ojos, la boca, las tensiones de la cara y los movimientos de la mano, el atuendo, los guantes y el carro como extensiones de su cuerpo, elabora un universo pequeño en que deambulan también buenos actores como Bryan Cranston, de la serie Breaking Bad, Albert Brooks y Ron Perlman, que componen el lado “mafioso”, del hampa, con el que el conductor encuentra su conflicto casi de manera casual. Hay momentos enfocados en el lado emocional, como la escena del diner en que suena Hands Cover Bruise de Trent Reznor y Atticus Ross de fondo, o en el ascensor en que el protagonista y Irene comparten el momento íntimo por excelencia, a pesar del entorno, de lo que vaya a ocurrir, marcando el final de las idas y vueltas, para pasar a la aceleración, al desenfreno y la persecución en cadena. Ello lleva al lado más pasional y en que no hay marcha atrás, en que se pone de manifiesto todo aquello que se mantenía latente durante la primera mitad de la cinta. A través de recursos como travelings y ángulos bien elegidos, la película encuentra ritmo, cadencioso, despreocupado, donde hay tiempo a pesar del apuro y el riesgo.

Colocada por muchos críticos entre sus Top 10 del año pasado, Drive es, sin duda, una de las mejores películas que ha llegado a la cartelera peruana este año. Nominada y ganadora de diversos premios de la crítica, aborda temáticas tratadas con anterioridad en filmes como Taxi Driver de Martin Scorsese, aunque permitiendo que, en casi dos horas de duración, esta encuentre su propia identidad, con un banda sonora excepcional y un trabajo de fotografía llamativo. Esperemos que se mantenga por buen tiempo.

 

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