Ni para creyentes, ni para ateos

January 28 | Posted by Jonatan Medina | Opinion, Recomendada Tags: , ,

Nanni Moretti ha creado otra interesantísima película, de discurso peculiar y extraño tratamiento, una película claramente metafórica que tiene mucho que decirnos, pero que, lamentablemente, se queda corta. Habemus Papam es osada desde su planteamiento, poseedora de un humor único, sutil, que coquetea con lo políticamente incorrecto. El tema de fondo es serio y profundo, pero se presenta de una forma ligera y fresca, lo que la hace aún más interesante, pero sin embargo, le quedan muchas ideas sueltas, ideas que Moretti no supo concatenar del todo, y que termina dejándonos con un sabor extraño.

Moretti elige sus planos iniciales de una manera maestra. ¿Cómo mostrar el proceso del cónclave de una forma en la que empatice con el espectador, y a la vez le produzca una fina risa? Entonces miramos de cerca cómo los rostros de aquellos ancianos que normalmente vemos como inquisidores intocables son ahora el de unos niños traviesos y nerviosos ante la elección del nuevo Papa. Así, con ese respetuoso y delicado tono, se establece el código humorístico de la película que comienza con gran factura.

Entonces se terminan las votaciones y habemus papam, hasta que lo escuchamos gritar de pavor, y nos llenamos también del mismo sentimiento con solo pensar que eso pueda llegar a suceder en la vida real. El hombre que acaba de ser elegido Sumo Pontífice de la Santa Sede de la Iglesia Católica no se atreve a serlo por un repentino impulso de temor, un súbito pánico, o como luego logran diagnosticarle: un déficit de atención. Entonces empieza toda aquella pequeña aventura de il Papa, y a la vez toda esa magistral mezcla entre las ceremonias y protocolos tradicionales del Cónclave y su divertimento, muestra de sus deseos mundanos, por más primarios y pueriles que sean. Mientras tanto, la aventura del papa se va desarrollando de una manera más interna que externa; se trata específicamente de un viaje interior, una búsqueda de lo que quería ser antes de dedicarse a la religión. Y aquí encontramos la primera flaqueza de la historia. El Sumo Pontífice quiso ser siempre actor, pero sufrió una gran frustración cuando le dijeron que no era bueno para eso. Nunca logramos empatizar lo suficiente con él por eso, no nos conmueve como debería su fracaso actoral. Esa línea argumental pudo haber sido tratada de otra forma, digamos como el mayor objetivo de Melville al encontrarse a sí mismo, porque al final sólo nos deja con una sensación débil y hasta gratuita.

Sin embargo, lo más interesante de esta aventura interna es la reflexión individual que hace el Papa sobre sus propios temores como representación general de la Iglesia. Los miedos de él, son los de la Iglesia, sus errores y falta de responsabilidad son los de la Iglesia también. Por eso la escena en el bus, donde ensaya su posible discurso, es el resumen de lo que Moretti nos quiere decir, y aquí sí lo hace de una manera pulcra. El Papa admite los errores y terquedades de la Iglesia, sus prejuicios y su falta de comprensión, hace un mea culpa y llegamos a entenderlo. Y sumando a esto el hermoso tema Todo cambia cantado por la inquietante voz de Mercedes Sosa, el Papa está admitiendo que hay cosas que tienen que cambiar, aunque él no sea capaz de hacerlo.

Seamos ateos o creyentes, Moretti hace que lleguemos a entender al Papa y su mensaje. Pero no sólo el Moretti enunciador, sino el Moretti personaje que a través del juego, trata de mantener competentes y “vivos” a todos los clérigos. Él, como psicoanalista no creyente intenta entender la situación y se pone en la piel de cualquier creyente que entiende lo grave que es aquella circunstancia. Aunque siento que en esta parte psicoanalítica Moretti también se queda corto y no logra hilvanar bien conceptos que juntos hubiese provocado más interés y profundidad.

Lo que sí logra, sin duda, y muy bien es hacer que el humor que flirteaba con lo políticamente incorrecto, se consolide finalmente en una suerte de comprensión que a su vez no deja de ser desesperanzadora. ¿Por qué? Por ese extraño y desconsolador final. Un final tan metafórico como valiente y raro. La película que parecía seguir manejando el humor opta por terminar en un desconcierto total. El Papa nos dice al último que la Iglesia necesita un cambio pero que él no es capaz de hacerlo y termina renunciando definitivamente. ¿Qué nos quiere decir Moretti con esto? Ya que este final de gratuito no tiene nada, quizá Moretti nos sugiere pensar que en estos tiempos la Iglesia, es decir, la fe y la religión, está sufriendo una desorientación, una falta de rumbo y cambio. El final podría sugerirnos también la falta de un líder para los creyentes, pero poniendo atención a las palabras del Papa, nos damos cuenta de que son todos los que tienen que lograr ese cambio, por tanto, es responsabilidad de todos superar o no aquella crisis eclesiástica.

De esa manera, esta película no es ni para creyentes ni para ateos (Moretti no busca dividir ni complacer), sino para miradas humanas, serias y a la vez lúdicas, sencillas; y a la vez profundas. Es una película que, aunque quede corta, nos deja mucho para reflexionar, con Papa o sin él.

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    jajajajaja esta buenisimo le ve el lado gracioso de las cosas.