Un corazón roto de amor

Blue Valentine. Sales de la sala de cine con un nudo en la garganta, con el corazón apretado y con la cabeza dándote vueltas: cómo una historia tan sencilla, tan cotidiana, tan común, puede resultar tan buena. La respuesta se halla en la misma pregunta. Porque precisamente Blue Valentine es eso: simple, dura, triste, bella, cercana, sensible, hermosa y terrible como la vida misma. Es una historia que la podemos escuchar en boca de cualquiera y encontrar a la vuelta de la esquina, pero que a su vez guarda una emotividad tan próxima como la piel, una manera de retratar a sus personajes como si se desnudaran —literal y metafóricamente— ante nosotros. Blue Valentine es una historia de amor, así de simple, pero una historia de amor sin tópicos ni clichés, o mejor dicho, con los tópicos y los clichés que en sí tiene la vida.

Lo mismo sentimos al ver la interpretación de la pareja protagonista. Ryan Gosling y Michelle Williams están a la altura de todo y por encima de todo. Ambos son uno, pero no solo como pareja en la historia, sino como actores dentro de la narración. Sus personajes se complementan en todo momento, son distintos e iguales al mismo tiempo. Tanto Dean y Cindy vienen de hogares y familias disfuncionales, sin embargo Dean parece haber superado sus conflictos; es un hombre que ante los problemas, se golpea, se reconoce a sí mismo y los carga para seguir con su existencia. Es así como ante el embarazo de Cindy, decide por cambiar los planes de su vida y crear una familia, opta por amar. Cindy por su lado, no ha superado la presencia de su padre autoritario, su falta de afecto, su inseguridad. Ante eso contiene en su rostro todo el pasado y el futuro del que también teme. Es así como su relación se va deteriorando poco a poco, como sin darse cuenta, sin grandes obstáculos, simplemente con la conjunción de sus almas.

Dean sigue siendo de cierta forma un niño, un niño que quiere divertirse con otra niña, su hija, un niño que llora desconsoladamente ante la muerte de su mascota, un niño que aún quiere mantener por momentos el brillo de su relación amorosa. Cindy ha caído en la monotonía, su trabajo la absorbe, no sabe cómo hacer para que su matrimonio no decaiga, cuando desde hace un buen tiempo ya ha empezado a suceder. Esa diferencia hace que en algún momento ese matrimonio explote. La escena del hotel en la habitación del futuro es fabulosa, cumbre, y además detonante para el clímax final, nos anuncia lo que ya olíamos venir. Dean desea salvar su matrimonio, Cindy, perdida y atormentada, no soporta las torpezas de él y no accede a lo que desea en el baño del hotel, antes prefiere ser violada por su propio esposo.

Aún en el desenlace, Dean piensa en su hija, le reclama a su esposa la validez de su promesa cuando se casaron. En tal sentido, el personaje de Gosling es más noble y empático, sin quitarle lo impulsivo y conflictivo, mientras que el de Cindy es más hermético, más oscuro y doloroso. Los dos hacen del amor la cara más feliz y triste, más esplendorosa y dura, los dos, a través de la historia que se bifurca entre presente y pasado, nos muestran los eternos dos lados del amor. Cianfrance cuenta el relato jugando con los tiempos, de esa manera nos ilusiona cuando vemos a Dean y Cindy de jóvenes y nos hace cómplices de su idilio, pero no tarda para estamparnos contra la pared, y mostrarnos el hostil presente. El guión juega con nosotros, nos coquetea, nos entusiasma, nos noquea, nos transgrede, nos hace llorar de felicidad y de tristeza.

Pero más allá del excelente retrato de los personajes y del guión, la película se vale de un notable tratamiento de la puesta en escena. Cianfrance ha demostrado manejar con maestría los primerísimos primeros planos, la luz que se filtra siempre entre los rostros y cuerpos, los espacios que se entrelazan a la vez con esa música que invade el aire. La banda sonora remarca la triste belleza del relato, contribuye a la atmósfera de un amor que es cruel consigo mismo. Mención aparte merece esa escena encantadora en la que Dean toca con su guitarra y su divertida voz una cortísima y agridulce canción (‘You Always Hurt the One You Love’ de los Mills Brothers) mientras Cindy baila como una niña inquieta y algo tímida. Sin duda, es de las escenas más preciosas filmadas en los últimos años. Escena capital de la película que nos advierte lo que iría a suceder. Dean le canta a futuro a Cindy, y sin conocerla aún, le dice que si le rompe el corazón es porque la ama. Frase que bien puede resumir lo que es Blue Valentine: un corazón roto de amor.

2 Comments
  1. No sabu00eda de que trataba esta pelu00edcula, pero por tu comentario me ha entrado las ganas de verla, ojalu00e1 pueda hacerlo. Gracias. Sigue conectandonos con el cine.

  2. Siempre logro entender bien una pelicula despues de leer algun comentario o cru00edtica tuya. No me habia dado cuenta , pero si es realmente una relacion bella pero a la vez tan triste, porque uno espera siempre un final feliz pero en su caso , ya no habia la esperanza de un final feliz porque por parte de ella, ya todo esta perdido, lo cual es triste, porque ni pensando en su hija pudieron rescatar el fuego queu00a0alguna vez hubo entre ellos, y la escena del cuarto de futuro , como lo describes es perfecta!!! prefirio ser violada por su esposo… que hacerlo con el amor en que u00e9l la buscaba ..De verdad que es una peli triste y llegue a odiar a esa mujer. Gran cru00edtica Jonatan.

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