CRÍTICA: Un Superhéroe sin Prosélitos
August 23 | Posted by McZorro | Opinion, Recomendada Tags: Aaron Johnson, Chloe Moretz, Christopher Mintz-Plasse, Kick Ass, Matthew Vaughn, Nicolas Cage
No estaba en mis planes dedicarle un review a la última película de Matthew Vaughn, Kick Ass, estrenada el jueves pasado en salas comerciales a nivel nacional; pero la vastedad de interpretaciones que han aparecido en críticas de diarios y demás, aunado al hecho de que el filme apenas ha durado una semana en cartelera (esta semana tiene contados horarios en un par de cines) me incitó a hablar de uno de los más incisivos y provocadores estrenos del año, un filme independiente con alma de blockbusters, una película que define lo lejos a lo que pueden llegar las adaptaciones de novelas gráficas, lo ensayísticas y experimentales en cuanto estilo, lo pop y gore, lo Tarantino y Kubrick, lo desopilante y conmovedor, lo superficial y profundo mezclado en pantalla gigante. ¿Qué quisiera lograr con este comentario? Tal vez hacer que un par de lectores, algo despistados y a los que se les pasó el estreno del filme, se paseen por las salas en las que se mantiene en exhibición y le echen un ojo.
No es un pájaro, no es un avión…
Lo que más me fascina de esta película es que se mueve en dos dimensiones, en una casi monografía audiovisual tanto del mundo en el que vivimos, como el universo de los comics en el que enfrascamos horas de vida. Lo primero es lo más obvio: ¿qué tan caótico es nuestro mundo que nuestro tejido social no nos permite mirar al lado y ayudar a nuestro vecino? La anarquía reinante en las calles es la que se nos presenta al inicio del filme, una que hace que nuestro protagonista Dave Lizewski, un tanto naive y hasta mentecato, decida enfundarse en su traje de Kick Ass y salir a las calles a enfrentar el crimen. Es en esta dimensión de la película, una especie de arenga a la necesidad de cambio en una modernidad tan sumida en el desorden, que se presenta el filón estilístico que propone Vaughn. ¿Qué tan ridículo puede ser ataviarse en mallas verdes y salir a defender a los inválidos, encima sin poderes? Bastante.
Los colores se saturan, las ralentizaciones y aceleraciones aparecen por aquí y por allá, la puesta en escena (tanto ubicación de actores como de elementos en el encuadre) es exagerada, inverosímil, carnavalesca. Es interesante notar como el caos visual que propone Vaughn va ligado también a esta continua referencia al aferro mediático en el que vivimos, las redes sociales que nos definen, los videos en Youtube que marcan tendencia global, los live-streams que pueden unir a un mundo entero y aleccionarlo. Todo tan irreal, tan pop, tan vibrante. Las mejores secuencias de la película están justo en esta dimensión. Al ridiculizar y anormalizar la cotidianidad, las referencias pop saltan en cada parlamento, las referencias a directores como Quentin Tarantino nos golpean en la cara, se roba de la estética gamer, la estroboscopia deslumbra en una de las mejores batallas en celuloide de los últimos años. Las viñetas inundan la narración, la violencia está a la orden del día, la sangre chorrea por doquier y lo ética o moralmente correcto está prohibido.
Es… es…
Pero, ¿porqué no hay superhéroes en las calles defendiendo a aquellos sin las fuerzas para enfrentar una cotidianeidad malévola? ¿Es por esa falta de poderes que mencionan los adolescentes en la película o la necesidad de poder despilfarrar en armamento de última tecnología? ¿Es por la incapacidad de mirar al lado y ayudar a nuestro prójimo como buenos samaritanos? ¿Es porque la acracia reinante en la urbe apaña las posibilidades de conciliación? Pues ninguna de las anteriores. En el puente de una dimensión a la otra, la cinta enarbola una postura rígida al respecto: las conexiones humanas, nuestros núcleos sociales son los que nos hacen no mirar hacia afuera. Y en el caso de nuestros protagonistas, estos corazones sociales están más quebrados que quinceañera plantada por su chambelán en plena fiesta. El desarraigo apremia.

Es sólo un geek
Así entramos a la segunda dimensión de la película, la más importante y pesada: la naturaleza de los comics mismos. ¿Por qué nuestros tres protagonistas jóvenes se atavían en mallas y máscaras para defender al mundo, engañados tanto por las presiones mediáticas y los comics que devoran día a día? Por problemas patriarcales, tres adolescentes casi-huérfanos y errantes, todos en busca de atención, una puerta de escape de su rutinaria y apabullante vida, del rechazo tanto de familiares como amigos, de la ausencia de identidad familiar en cada caso. Si la estética extremista que manejaba Vaughn ya significaba un alto en la película, al conseguir adentrarse en corazones desangrados de los tres personajes principales es que la película finalmente termina de redondearse.
De la ridiculez de la violencia estilizada podemos pasar al drama intenso en cuestión de segundos, a las revisiones de las vicisitudes de tres adolescentes en crecimiento, una búsqueda de aceptación tanto desde afuera como de ellos mismos. Y es en esta consolidación de personajes bien cimentados que encontramos magníficas actuaciones de un reparto elegido a la perfección, con un Aaron Johnson impávido y confundido, un Christopher Mintz-Plasse que finalmente se logra despegar de su McLoving para adueñarse de un hijo con padre-sin padre, un Nicolas Cage en una de sus mejores performances de los últimos años (risa de antología) y una Chloe Moretz que se roba todo el show y deja bien claro que ella es la actriz de su generación (con apenas 13 años).
¿No es acaso esta la naturaleza intrínseca en los comics, redes sociales y avatars que controlan nuestra vida cuasi-geek en una modernidad tan caótica? ¿No será una manera de intentar huir de nuestras rutinas, nuestras vidas ordinarias que rechazamos e intentamos repeler constantemente? ¿No será que, más que añorar un mundo fantástico, añoramos un mundo menos aburrido y mejor? ¿No será una manera de evadir nuestras soledades e insertarnos en mundos alternos? ¿No funcionará el cine así también? Todo un metalenguaje que hace cosquillas, conmueve, te golpea y te vuelve a golpear. Y morados y adoloridos nos levantamos, con la frente levantada, y aceptamos seguir este modo de vida. Lástima que al buen Ass-Kicked (risa Big Daddy) le hayan faltado prosélitos en su primera semana de exhibición.
Calificación: 8/10
Tags: Aaron Johnson, Chloe Moretz, Christopher Mintz-Plasse, Kick Ass, Matthew Vaughn, Nicolas Cage





