CRÍTICA: Life Story
June 27 | Posted by McZorro | Opinion, Recomendada Tags: Lee Unkrich, Toy Story 3
Me encuentro paradójicamente escuchando a The Strokes y su ‘You Only Live Once’, demo version, cuando decido empezar a escribir esta crítica. Suspiro. Esa canción siempre me hace entrar en estado catártico, empezar a pensar en la vida y lo que he conseguido en ella, en lo efímera y banal de nuestra existencia, pero a la vez lo trascendental que es cada segundo que vivimos, porque podría indudablemente ser el último. Pixar, a lo largo de sus once largometrajes y más de veinte cortos, le ha hablado al espectador tuteándolo sin respeto, en un delicioso derroche de genialidad tanto narrativa como visual, con obra maestra tras obra maestra deslumbrando carteleras a nivel mundial. No sólo se trata de historias de originales y estéticas arriesgadas, sino de un mensaje, una loa a la vida tan potente en cada historia, un ensayo sobre el ser humano, sus interrelaciones, su nacimiento, madurez y senilidad. Toy Story 3, de una manera poco convencional y sin ser la mejor de la saga y menos de Pixar, nos habla justamente de eso. De lo banal de nuestra existencia, pero de lo vital que son nuestras interrelaciones para sobrellevarlo, de la necesidad de mirar al del costado para entender finalmente el sentido de la vida.

Andy ya es mayor, está a punto de irse a la universidad. Debe dejar atrás el hogar que lo acogió por tanto tiempo, a la madre que lo sobreprotegió por casi dos décadas, a los juguetes con los que dominó y destruyó el mundo tantas veces. ¿Qué será de la ‘vida’ de los juguetes sin un dueño con el que jugar? A lo largo de la saga de Toy Story se nos había planteado la misma pregunta, pero camuflado desde otras perspectivas. En la primera, se centró en el posmodernismo de nuestra era, del agobio de las nuevas tecnologías en una sociedad aún resquebrajada, aunque finalmente de la aceptación de las mismas para una ayuda mutua. Sí, todo eso simplificado en la historia de un vaquero cuyo cariño del amo era desafiado con la llegada de un astronauta a la fila de juguetes. La segunda película, un tanto más oscura, se centró menos en los personajes humanos, para inmiscuirnos en el pasado de Woody, en el legado que todos dejamos atrás, en la disyuntiva de tener que elegir entre lo interpersonal y la trascendencia: entre Andy y sus amigos y ser el objeto de museo más preciado del mundo. Pero sobretodo, la necesidad de la juventud, de sentirnos vigentes, del miedo al passé.
En la tercera y última parte de la saga llegamos al point of no return. Ya no cabe la posibilidad de que el amo nos devuelva el cariño, ya no queda la chance de que llegue un milagroso juguetero a pulirnos y repararnos. Ya no nos centramos en humanos y aquel personaje que estorbe en la historia debe ser eliminado (fuerte y directo el anuncio de que Bo Peep había sido botada a la basura poco antes). Esta es la película más oscura de la saga (y no hablo sólo literalmente), la más desoladora. Finito. Andy se va y eso es todo, adiós existencia. ¿Qué Sunnyside ni qué ocho cuartos? Esa es simplemente una excusa para exponer una tesis tan fuerte sobre la vida y la cercanía al fin de esta (claro, también para mostrarnos a uno de los mejores villanos de la historia de la animación, Lotso, malo hasta su último suspiro). El planteamiento llega a su resolución justamente en una de las más frías y aterradoras escenas que jamás haya realizado Pixar en su historia, la de incinerador. No somos más que ceniza, ¿no? Y es que es allí en la que nos afirman que cuando todo está perdido, cuando nuestra existencia no da para más y todo fue en vano, tenemos que recurrir a nosotros mismos para sobrellevar el impase. Que importa el deus ex machina final, lo que importa es este mensaje de esperanza que se nos brinda, la frialdad con la que Pixar castiga a su villano con un castigo eterno, y las lágrimas que no dejan de brotar a borbotones en los últimos minutos de filme…

Con esta película, Pixar demuestra que ya no está para jueguitos. La era de la ingenuidad ya se acabó, están para tocar temas más serios, fríos y calculadores, duros sobre la realidad humana. Pero tranquilos, esto no significa que se trate de dos horas de divagaciones filosóficas, tediosas, teóricas, acerca de un existencialismo difícil. No. Pixar se encarga de que el hablar de la existencia sea divertido, sublime y, sobretodo, imperceptible. Lo que para unos es una mezcla de western, film noir (Ken y la femme fatal Barbie son dos standouts del filme), con toques de aventura (la escena inicial es magnífica), una que otra escena de ‘terror’ (el bebé gigante y sus referencia a La Profecía y El Exorcista), harta comedia (la escena del Cara de Papa en esta película debe ser la más desopilante escena que Pixar haya orquestado jamás) y melodrama dulzón (lo suficiente, como para empañar los lentes en 3D), para otros más sencillamente es simplemente una lección de vida. Todo un ‘life story’.
Calificación: 9/10
Tags: Lee Unkrich, Toy Story 3





