CRÍTICA: Gray y Phoenix, dos amantes

Desde que James Gray y Joaquin Phoenix se juntaron en The Yards hace ya una década, ambos formaron un tándem explosivo, original, contundente, creativo. El gran pulso de Gray para luego dirigir a un Phoenix en estado de gracia en sus tres de sus cuatro cintas supuso una dupla que empezaba a prometer e ilusionar. Pero cuando uno pensaba que se convertiría en su actor fetiche, a lo DiCaprio con Scorsese o Depp con Burton, el gran Joaquin nos echó ese baldazo de agua fría, esa triste noticia para el mundo del cine: el abandono de su faceta de actor por la nueva de cantante de hip-hop.
Los amantes es precisamente la última película que interpretó en el 2008 y que recién se estrena en nuestras salas. Y vaya despedida la del excepcional actor estadounidense. Phoenix nos regala una actuación formidable, sobria, sin exageraciones, por momentos rígida, hasta expresionista (cuando recibe la noticia final de Michelle), y por otros momentos fresca, potente, quinestésica (cuando nos sorprende con ese curioso y divertido baile en la discoteca). Pero nada de eso sería posible sin el personaje que crea Gray: Leonard, un hombre con un pasado terriblemente triste, solitario, mohíno, que nos noquea al inicio con su intento de suicidio —una de las mejores presentaciones de personajes en los últimos años del cine estadounidense—. Ese hombre que se enamora perdidamente de su bella vecina Michelle, pero que sabe que con Sandra tiene un futuro eventualmente seguro y estable. Por un lado, vemos esas maravillosamente tratadas conversaciones entre Leonard y Michelle que mientras se hablan por teléfono, casi susurrando, se ven desde sus ventanas, gala al voyerismo heredado de Hitckcock. Por otro lado, vemos una relación más formal y menos espontánea con Sandra, pues en el fondo su objeto de deseo no es más que su hermosa vecina.
Ese tratamiento íntimo del espacio, ente ventana y ventana, edificio iluminado sólo por las luces de sus cuartos, es excepcional. Esas escenas frías, pero en el fondo tan cálidas, en la azotea son una demostración de una puesta en escena impecable, de que en Los amantes el espacio no sólo cobra mayor sentido, sino se convierte en un personaje, en un actor más de la función. Pero más allá de ello, lo más notable es lo que Joaquin Phoenix logra hacer. Aquí su performance se enriquece por el personaje. En Gladiador ya había bordado su trabajo, pero su personaje pecaba de excesivamente plano. En Walk the Line (magnífica actuación también) su tarea era la de retratar a un grande y famoso de la música country, era, más bien, la obligación de no insultar a Johnny Cash. En este caso, su personaje es el de un hombre insignificante, fracasado, autodestructivo, profundamente triste (que las dos únicas mujeres que verdaderamente ha amado en su vida lo abandonen es sencillamente desolador), pero que al final de los finales no se enamora para amar, sino que decide amar, en esa extraña y excelente escena concluyente con Sandra, abrazados en el sillón en medio de la gente. Un final de amor y desamor.
Los amantes me dejó esa sensación de saber que Joaquin Phoenix posiblemente nunca más vuelva a aparecer en una pantalla grande, por más que James Gray lo haya sabido dirigir de la mejor manera, por más que una interesantísima química empezaba a surgir. Ojalá Gray lo logra convencer de que regrese, ojalá se vuelvan a juntar, como dos amantes del cine, para regalarnos más historias.



[...] This post was mentioned on Twitter by Alberto Castro, En Cinta. En Cinta said: Nuevo comentario sobre la película LOS AMANTES http://tinyurl.com/2dq4o4r [...]
[...] James Gray es el responsable de esta película que vuelve a tratar ese tema que tanto le gusta: el de la disyuntiva de cumplir las expectativas de la familia. Encuentra la manera de envolverlo en un drama amoroso, en lo que es una muestra de saber enriquecer una temática. Es también una muestra de su talento para conseguir un personaje tan interesante como el del desadaptado Leonard. En esto último, cuenta con el notable trabajo de Joaquin Phoenix, quien dota a su personaje de aquellas posturas y miradas incómodas propias del que ya no sabe hallarse en los requerimientos de la vida adulta. Una cinta que se va formando de la situación incómoda o de la pasión más desaforada y autodestructiva. (Ver una crítica y ver la otra). [...]