CRÍTICA: La fórmula Emmerich
January 3 | Posted by McZorro | Opinion, Recomendada Tags: 2012, Crítica, John Cusack, Roland Emmerich
“Odié 2012″. Esas fueron las primeras palabras que gesticulé luego de soportar 2 horas y 40 minutos sentado en una butaca viendo el bodrio palomitero del año, de manos del siempre taquillero Roland Emmerich. Las reacciones no se hicieron esperar: “Es una película comercial, para comer canchita. No te quejes”, “¿En serio te pondrás a criticar una película en la que destruyen el mundo en casi 3 horas?” o “Estas películas son para apagar cerebro”. Algo de razón tienen todos, pero algo de razón tengo yo también. Es cierto: el cine comercial (en gran parte) es un cine para “apagar cerebro”, para disfrutarlo sin muchos miramientos, para comer canchita con los amigos, para disfrutar de buenos efectos y espectaculares persecuciones.
Todo esto es cierto, pero a la vez no. Lo de “apagar cerebro” es algo que nosotros le atribuimos al no pensar demasiado al ver una película “comercial” y de súper producción, pero detrás de esta hay un gran grupo de “cerebros prendidos” que han tenido que estructurar personajes accesible, historias “creíbles” (al menos en pantalla), para hacer de su película un rotundo éxito de taquilla, además de no ser simplemente eso, sino ser recordadas por los espectadores que la ven. Películas como Dark Knight o Distict 9 (este año) hubieran sido meros elementos de divertimento si no hubieran tenido ese añadido crítico en sus tramas, alegorías y metáforas de un mundo desestructurado en el que vivimos. Yo confieso ser un acérrimo seguidor del cine comercial (el 80% de este blog va dedicado a ese) justamente por esas expectativas que genera, por el “cerebro apagado” lleno de adrenalina y emoción pura incomparable, y por (además) ser el cine más cercano al que se estrena siempre en nuestro país. Sin embargo, a pesar de haber amado blockbusters como Star trek, Dark Knight o algunas de las de Harry Potter, y estar ansioso a más no poder por ver Avatar o Alicia en el país de las maravillas, 2012 representó un esfuerzo fallido de un director cuya fórmula empieza a dejar de funcionarle.

Roland Emmerich, a través de su carrera cinematográfica, ha seguido un esquema parecido para atraer a sus “seguidores” y generar reacciones de estupefacción en los espectadores. Siempre destruye el mundo, nos habla de relaciones padre/hijo rotas, mata a los personajes más entrañables, nos plantea finales felices, todo en medio de millonarios efectos visuales que aparecen como decorados a una historia más bien enternecedora y moralizante. Fallida, sí, pero entretenida. Esto funcionó muy bien en películas como Día de la independencia (su mejor hasta ahora) o hasta en El día después de mañana, en donde a pesar de jugarse al sin sentido en historia, uno podía divertirse viendo situaciones al límite, o sufrir con los protagonistas con los que habíamos desarrollado algún tipo de vínculo. La espectacularidad era un arma poderosa para Emmerich, el cual hacía magia en pantalla con maestría, haciendo películas destinadas específicamente para el goce colectivo.
Pero en 2012 todo esto se ha caído al piso. Hemos visto tantas veces la misma historia del padre tratando de reconquistar a su hijo, del mundo destruyéndose y de todos salvándose al final (claro, con dosis de muerte de por medio), que ya no nos la creemos. Lo peor: Emmerich se ha olvidado de los personajes en esta, haciendo meras caricaturas, esbozos de personajes, y haciéndolos pasar a segundo plano de los efectos visuales. Todo por no tener un par eje central de personajes, sino casi una docena de ellos dispersos en la película, sin ninguno alcanzar el nivel de drama necesario. Ni la presencia de John Cusack, un actor más que experimentado, salva esta cinta, al estar en medio de una historia cursi, aburrida y que se soluciona en el segundo acto de manera demasiado predecible. Por si esto fuera poco: las inverosimilitudes. Está bien que estemos en una película Hollywoodense, pero hay cosas que uno no se la cree ni aunque le den explicaciones “racionales” en diálogo. El drama es distenso, las líneas de los personajes nada espontáneas, demasiado patrioteras, demasiados sensibleras, ridículas .

Emmerich ha logrado que, en los momentos de mayor clímax, las risas sean imposibles de contener en el espectador. Y esto lo digo habiendo estado en una sala con gente que salió contenta de haber visto la película, pero que igual se rió en los momentos más cruciales de la historia, así que las risas son más generales. Y si a esto le sumamos los 158 minutos de duración de la cinta, pueden entender ahora mi molestia. Sr. Emmerich, ahora que ya ha destruido el mundo, ¿podría dedicarse a hacer películas más serias y dejarse de jugueteos caricaturescos? Se lo agradeceríamos mucho.
Calificación: 4/10
Tags: 2012, Crítica, John Cusack, Roland Emmerich





